Las feministas llevan su ira por la violencia machista a las puertas del Palacio Nacional de México

Las manifestantes claman contra la “indiferencia” del Gobierno tras el brutal asesinato de Ingrid Escamilla

El movimiento feminista de México ha vuelto a salir a las calles y esta vez ha llevado su grito hasta las puertas del Palacio Nacional, sede del Poder Ejecutivo y residencia del presidente Andrés Manuel López Obrador. Alrededor de un centenar de mujeres se ha manifestado este viernes en Ciudad de México contra el mediático asesinato y descuartizamiento de Ingrid Escamilla y la “indiferencia” del Gobierno. Durante la protesta, las manifestantes, muchas de ellas tapadas con pañuelos verdes y pasamontañas, han pintado la fachada y una de las puertas del palacio al grito de “¡No somos una, no somos 100, pinche Gobierno, cuéntanos bien!” y “¡presidente indiferente!”. Poco antes de las 10 de la mañana las puertas se abrieron y una decena de mujeres entró para entrevistarse con Leticia Ramírez, encargada de Atención Ciudadana de la Presidencia. Hasta el momento no han llegado a ningún acuerdo y las movilizaciones proseguirán.

Afuera, a las seis y media de la mañana comenzó la concentración en el Zócalo. Adentro, López Obrador mantenía su habitual conferencia matutina, en la que tuvo que enfrentar comentarios implacables que le reprochaban la inactividad del Gobierno en esta materia. “Por convicciones, por principios, estoy en contra del feminicidio. Es inaceptable, aborrecible, es algo que no se puede permitir, por ello trabajamos a diario”, respondió el mandatario ante las preguntas de la prensa. “Deseo con toda mi alma que se reduzca la violencia y que no se agreda a mujeres”.

Pero los deseos del presidente no parecen estar cumpliéndose: desde que tomó posesión, los feminicidios han aumentado más del 10%, según datos oficiales y se cuentan un promedio de 10 muertas al día. El pasado año, el más violento de la historia reciente del país, cerró con 3.142 mujeres asesinadas. La activista Frida Guerrera, que se conoce con el presidente desde hace años, le reprochó en la rueda de prensa matutina la falta de iniciativas, como por ejemplo que no se hayan creado aún juzgados especiales para la violencia contra la mujer. Guerrera le ha recordado que en este año ya van más de 250 mujeres muertas.

A pesar de esos datos, el presidente se empeñó una y otra vez en mezclar la violencia contra las mujeres con otros asuntos, con la pobreza, con la desigualdad social, con la corrupción. No parecía dispuesto a aceptar, como le pedía la activista, que el asunto de los feminicidios requiere una mirada exclusiva. Una y otra vez condenaba los crímenes de género y acto seguido repetía que también las otras violencias: “Hay que proteger la vida de hombres y mujeres”.

Aparentemente cansado de la insistencia de Guerrera para que lanzara mensajes inequívocos, el presidente pronunció una especie de 10 mandamientos con poco calado político que se resumían en un ejercicio de voluntad: “El Gobierno se va a ocupar siempre de garantizar la seguridad de las mujeres”. Y 10: “Vamos a garantizar la paz y la tranquilidad en México”. Pero no dijo cómo. Se declaró transformador y dijo que él no era un “fifi”.

Después de varios días con la polémica en la calle, lo que sí afirmó con rotundidad López Obrador fue que está en contra de reemplazar la figura penal de feminicidio por la de homicidio agravado, como sugirió el fiscal general, Alejandro Gertz Manero. El asunto puso a las feministas en guardia y durante estos días han pedido que el presidente fuera tajante respecto a este asunto.

Las manifestantes han leído esta mañana un manifiesto contra el feminicidio y han hecho una pequeña hoguera con papeles y cartones. “Estamos pidiendo que cumpla sus obligaciones”, decía el comunicado. También le reclaman que dé la cara. “No estoy metiendo la cabeza bajo la arena. No tengo problema de conciencia”, aseguraba el presidente en su conferencia.

Las mujeres le reprochaban en la plaza sus prioridades políticas al grito de “Justicia sí, rifa no”, en referencia al polémico sorteo del avión presidencial. El pasado lunes, el presidente hablaba de la rifa y se mostró enojado ante las sucesivas preguntas sobre la epidemia de feminicidios que asola al país. “No quiero que el tema sea nada más el feminicidio, ya está muy claro que los medios han manipulado mucho en este asunto “, aseguró desde su atril.

Lidia Florencio Guerrero llevaba desde antes de las seis de la mañana ante el Palacio Nacional. Es de Chimalhuacán, un municipio del Estado de México, y ha llegado la primera a la concentración feminista. Sostenía una pancarta con la cara de su hija Diana, violada y asesinada el 2 de julio de 2017. “Cuando [el presidente] se refirió al sorteo del avión presidencial fue indignante, dio rabia, coraje. Este presidente no se atreve a nombrar la palabra ‘feminicidio’ mientras somos miles de madres las que estamos sufriendo todos los días. Seguiremos recordando que estamos aquí. Diana y muchas otras siguen esperando justicia”, reclamaba.

Contra los medios de comunicación
Muchos de los mensajes en los cánticos y en las pancartas hacían referencia a Ingrid Escamilla, asesinada y desollada hace pocos días y una de las causas de la manifestación. Las imágenes que las autoridades filtraron a algunos medios y que estos publicaron han provocado un sentimiento de ira general. Yasmín Zaragoza, de 44 años, consideraba “aberrante” que desde la prensa se promueva “el morbo”. “No podemos ser indiferentes, nos violentan a todos los niveles. Esto es cuestión de conciencia. Para esto sirve lo que hacemos, para llamar la atención de las autoridades”, añadía.

A medio día, algunas manifestantes se concentraron ante la sede del diario Reforma, que edita Metro, un medio de sucesos macabros al que las feministas tienen en su punto de mira. Fueron recibidas. Pero la indigación ha sido sobre todo contra La Prensa, uno de los rotativos que publicó las fotos del cadáver de Escamilla. El periódico publicaba hoy en portada un largo artículo titulado a cinco columnas con la palabra Compromiso, en el que se esbozaba una disculpa: “Hemos modificado lenguajes y ajustado coberturas de acuerdo a los lineamientos legales. Entendemos hoy que no ha sido suficiente y hemos entrado a un proceso de revisión más profundo. En eso estamos. Habremos de acercarnos a actores sociales que nos aporten ideas y que validen cada decisión que tomemos”.

A menos de un mes de que se celebre el Día Internacional de la Mujer, el enfado del movimiento feminista augura momentos de tensión. En agosto del pasado año, la protesta por varias violaciones a mujeres, cometidas por agentes de la policía desató horas de ira y lucha que acabaron con conatos de incendio en la comisaría y en estaciones de transporte público. Fue el primer estallido de indignación ante el incremento de la violencia contra las mujeres.

Anuncios

Author: Penelope Garcia Lozano